jueves 26 de noviembre de 2009

mi adicción

Mientras miles de personas son adictas a las drogas, miles más al alcohol y otros más al cigarro, yo soy adicta a los dulces y demás comidas chatarras.

Mis peores rachas han sido en manos de paletas indy de chilito, chiclosos de cajeta, pecositas de uva, krankys, roles de canela bimbo, galletas príncipe, donitas del Costco, bubulubus, m&ms de arroz inflado, chocokrispis, paletas de vainilla, papas a la francesa, papas de carrito, palomitas nadando en salsa valentina, doritos diablo, gomitas de salvavidas, cinnamon pretzels, mayonesa y la cheesy bites de pizza hut.

Siempre es lo mismo: como algo nuevo, si me parece de lo más rico que he probado en la vida, no puedo dejar de comerlo y hasta siento necesidad de comprar más cuando se termina, son señales inequívocas de que tengo una nueva adicción y lo siguiente que recuerdo es a mi misma comiendo lo mismo semanas y semanas, hasta que lo consumo en tales magnitudes, que muchas veces termino fastidiada.

Mi peor experiencia fue con surimi, cuando, hace por lo menos ocho años, una de mis tías preparó una ensaladita y comí tanta de una sentada, que desde entonces no puedo ni olerlo.

Esta semana les hablaré justamente sobre una de mis adicciones, adquirida hace más o menos dos años, cuando estuve unos días en Europa.

En mi visita a Venecia tenía un calor espantoso y a la hora de la comida pedí una fanta. Cuando llegó, me asusté porque el vaso era como de un litro, ¿dónde me iba a caber tanta, especialmente a mi, que no soy nada fan del refresco?

Tras un primer sorbo llamé al mesero para preguntarle si habían rebajado mi refresco con jugo natural, se sorprendió y me dijo que no. Me bebí hasta la última gota, me pareció de las cosas más ricas que había tomado y que el mesero me estaba viendo la cara.

Al día siguiente, me mató la curiosidad, así que de nuevo pedí una fanta y casi lloro de la emoción cuando me di cuenta que el sabor era el mismo que la del día previo.

Así que a partir de ahí, me dije: me quedan dos semanas aquí, tengo que beber toda la fanta que pueda en Europa, porque en México no tiene absolutamente nada que ver. Y en realidad tenía un poco de coraje porque no entendía cómo era posible que allá bebiera un refresco que parecía de jugo natural y aquí tomáramos uno color naranja fosforescente.

Bueno, pues como mis 14 días de fanta intensiva no fueron suficientes y de verdad que la extrañaba y moría por volverla a probar, entonces cuando uno de mis amigos, que vive en Madrid, vino de visita el año pasado, yo le encargué no ropa, ni bolsas y mucho menos chocolates, sino fanta!

Creo que para que me durara le daba un trago por día, hasta que al final se le terminó el gas y acabé por bebérmela de un jalón.

Hasta ahora deben pensar dos cosas: 1) Nallely tiene issues y 2) ¿como para qué nos cuenta esto si estamos en México?

Pues es que este fin descubrí que ya hay fanta sabor Europa aquí! Se llama fanta naranja y tras descubrirla en un fugaz viaje a Cuernavaca, he de confesar que boté el Absolut mango por no sé cuántos vasos de fanta.

Al final de la noche, todos estaban borrachitos, pero yo estaba felizmente sobria, con mi fanta.

Este post para nada es comercial y juro que no recibí ni un centavo a cambio! pruébenla y yo digo que sí les gustará, si no, siempre pueden dármela a mi.

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Dónde: quiero pensar que en cualquier tienda de autoservicio, pero si quieren ir a probar la de Europa, me invitan

Cuánto: no más de $20 (acabo de descubrir que tiene club de fans en Facebook)

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Por cierto, dedico esto a quien el sábado, ante mi fascinación, me preguntó: ¿el próximo jueves leeremos sobre las maravillas de este refresco? En realidad dudo que se acuerde de que esto pasó, pero sé que estos días serán complicados y es mi forma de recordarle que la quiero y que en la vida hay mil cosas por disfrutar, hasta la fanta.

jueves 19 de noviembre de 2009

mi abuelo y el sushi

Hay varios sucesos que han marcado mi vida, pero el que destaco entre todos fue la muerte de mi abuela paterna, a quien a partir de ahora llamaré mamita, porque siempre le he dicho así.

Cuando yo tenía 10 años, ella murió de cáncer y aunque el suceso dolió a toda la familia, creo que mi abuelo y yo fuimos quienes más resentimos la pérdida.

Después de lo de mi mamita, él y yo nos hicimos muy cercanos porque mientras todo mundo superaba aquello, nosotros seguíamos, no sé si estancados, pero si mucho más afectados que el resto.

Entonces empecé a salir de vacaciones con él, a pasear, a comer, a hacer mil cosas y poco a poco se convirtió en una de las personas más importantes de mi vida.

Lo cómico es que antes de eso, mi abuelo me súper chocaba, dos ejemplos de tal situación:

1. En las noches, no dejaba que se durmiera con nosotras y le daba patadas hasta que se iba a otra cama.

2. Mi mamita siempre quiso que yo lo llamara ‘papito’ o de perdida ‘abuelito’, pero toda la vida me negué y hasta hoy sigo llamándolo ‘abuelo’.

No es que me cayera mal por nada, la cosa es que siempre fue muy molón conmigo, me hacía manita de puerco, o me ganaba en las carreras o me engañaba…el punto es que a cada rato me hacía repelar.

Ahora ya nunca me hace enojar, más bien nos pasamos horas chismeando en el teléfono, en la casa o donde sea.

La semana antepasada me invitó a comer mariscos para celebrar mi cambio de reportera. Obviamente acepté, pero un día antes me llamó para decirme que no podía comer mariscos ni pescado porque el doctor se los prohibió.

Yo: entonces qué quieres comer?

Él: sushi (!!!)

El sushi es uno de los platillos favoritos del abuelo, pero me dio muchísima risa que le prohibieran el pescado y pidiera sushi!! En fin, decidí que en honor a aquellos días en que él me compraba helados a escondidas, yo podía pasar por alto la prohibición y llevarlo por un sushi “al fin que tiene poquito pescado”, como él justifica.

Aunque quería probar un nuevo restaurante, terminamos en uno de mis favoritos y por lo que veo, también de mi abuelo: el Asian Bistro, en Plaza Universidad.

Como entrada pedimos alitas Sichuan, de hecho, debido a ellas terminamos en ese restaurante porque cuando le dije el nombre del otro lugar me preguntó: “ahí hacen de esas alitas?”. Él es muy fan, a mi en realidad no me parecen nada del otro mundo, están picositas, pero es todo.

De plato fuerte, él pidió un rollo, me parece que llamado Arizona roll, aunque ya no recuerdo bien. Tiene queso philadelphia y ostión por fuera. Está rico, aunque a mi me gusta el Crispy roll.

De plato fuerte yo tuve un crispy beef, está bueno, aunque si es su primera visita no pueden dejar de probar el pollo Hunan, es por mucho, mi platillo favorito de Asian Bistro. Una vez pedí noodles, pero no me gustaron, creo que ya depende de ustedes.

De bebidas, yo tomé un red sake, que es, obviamente, sake, con vino tinto y me parece que granadina. Está bueno, aunque nada espectacular. También hay calpis (http://www.calpico.com/) y no recomiendo las piñas coladas porque las hacen demasiado dulces.

Como postre pedí una cajita que incluye cuatro cosas diferentes: helado de té verde, tempura helado, rollo primavera de fruta y un cono con una preparación frutal por dentro. Están bonitos porque son miniatura, pero el que les súper recomiendo es un tempura helado con chocolate, soy súper, súper fan, es de mis postres favoritos. Yo no puedo sola con uno, porque me empalaga, pero intenten y me cuentan.

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Dónde: Plaza Universidad, por donde está el Sears

Cuánto: $500-600 por dos personas

Hay estacionamiento

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domingo 15 de noviembre de 2009

post de emergencia

He tenido un fin de semana fatal y como escribir aquí siempre me pone de buenas, uso de excusa que de lo que les contaré acaba el jueves y si espero hasta entonces muchos se lo habrán perdido o bien, irán sin mi previa advertencia (como mi amiga Sandra, a quien dedico este post, pues su tweet me inspiró, jaja).

Quiero pensar que 9 de cada 10 se están preguntando por qué mi fin ha estado del asco, así que les contaré. Ayer, sábado, desperté -heroicamente- a las 7:30 de la mañana porque mi mejor amigo me invitó a una obra de teatro.

Para no hacer el cuento largo, mis padres me llevaron al supuesto lugar de la obra (en medio de la nada) y en realidad no era la ubicación correcta, cosa que noté después que mis padres ya habían partido, preguntar a algunas personas y hablar por teléfono con un desconocido que me dijo que el teatro correcto estaba muy lejos.

Así que, ante la situación, que en realidad no se lee muy grave, pero juro que fue horrible, decidí regresar a mi casa y no asistir a la obra. Fue un berrinche, lo sé, pero todo fue muy molesto, tanto que es domingo en la noche y sigo malvibrada…

Mi amiga Lala dice que la mala vibra atrae mala vibra y comprobé su teoría. Después de mi mal inicio, en el resto del día casi todo me salió mal: me fui a cortar el cabello y me pasaron como 30 minutos después de mi cita, además, no me pudieron arreglar una malhechura que traigo en el fleco y en tratar de corregirla se tardaron más de lo normal.

Eso provocó que no pudiera llegar por Lore para ir a comer a la Condesa, la consecuencia fue que me perdí como media hora (no recuerdo si ya he mencionado esto, pero nací sin el gen de la ubicación) y para cuando por fin llegué, nuestra amiga Angie, a quien hacía meses no veíamos, ya se iba!

Aquí las cosas empezaron a mejorar, entre el chisme y que el restaurante al que fuimos me gustó, creo que comencé a atraer buena energía. No les puedo contar sobre el lugar, porque mis tardanzas me hicieron perderme la ordenada y la investigación sobre el concepto del sitio, pero prometo en breve regresar e informarles.

En fin, entre que si tal está enamorada de uno con novia y que nos dedicaremos a cazar bodas, de momento vi el reloj y no estaba tarde para mi siguiente compromiso, sino lo que le sigue!

Cuarenta minutos después ya estaba en el metro, camino al Zócalo para ver el espectáculo de luces “México en el corazón”. Mis expectativas eran muy altas al respecto y, a riesgo de sonar muy amargada, salí decepcionada.

Al final, le dije a Ricardo “¿de verdad ahí acaba?” y es que descontando que al principio hubo una falla en el audio y que un breve viaje por la historia de México equipara a Miguel Hidalgo con Paola Espinosa, me pareció un espectáculo en el que se puso poco esfuerzo.

Ignoro cuánto se gasta cada día en realizarlo, pero uno no viaja 40 minutos para ver un show de 20, o si lo hace, por lo menos espera que sean 20 de calidad.

Hay cosas muy padres, no lo niego, los efectos de las luces hacen que parezca que Palacio Nacional se derrite (algo que encantó a la fan 1 de Amélie derritiéndose por Nino Quincampoix) o que se convierte en un bosque o que se mueven los ladrillos.

Pero al final me quedé con ganas de más; es breve y el final en realidad no concluye nada. Ahora que lo pienso, creo que el problema es que no hay un hilo conductor en el espectáculo. Es decir, no es un viaje a través de la historia del país, ni tampoco es un reflejo de nuestras costumbres…como que sólo aplicaron efectos padres a ver qué salía.

Otra cosa molesta fue que yo esperaba más pirotecnia; al final no creía que realmente ya hubiera terminado porque echaron como tres luces súper insignificantes.

Para reivindicarme con Ricardo y conmigo misma, quise ir al Café de Tacuba, pero estaba atascado, luego quise ir al Moro y estaba peor, así que me frustré. Decidimos ir por los coches y huir de las aglomeraciones en otro rumbo, pero creo ya era demasiado para mi y sucumbí en el hombro de un desconocido en el metro.

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Dónde: El lindo y hermoso Zócalo del DF. Acaba el jueves 19 de noviembre

Cuánto: Gratis! Ya nada es gratis en esta vida (excepto las playas y la pista de hielo), así que si tienen niños, puede ser buena opción, a todos los que escuché salieron fascinados

Recomiendo el metro, sólo 4 pesitos ida y vuelta, lo que se gastarían en estacionamiento, inviértanlo en un elote, unas papas o un ponche

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jueves 12 de noviembre de 2009

pollito con verduritas en salsita

Primer acto: Nalle recibe un correo

- Escoge: viernes o sábado

- Sábado

Segundo acto: Nalle envía un correo

- ¿A qué hora nos vemos?

- A las 7:30. No tienes que ir formal, pero si bien vestida.

Tercer acto: Nalle llega a un restaurante sin nombre en la fachada e invadido por calabazas

- ¿Cómo sabes que es aquí?

- Vi una foto en internet

¿Cómo se llamó la obra?

Nalle no sabe cómo terminar un chiste de actos, pero ama las sorpresas!! (y admite que temió momentáneamente tener que comer entrada, plato fuerte y postre de calabazas)

Si piensan que tengo el sentido del humor de una silla, me reivindicaré contándoles del restaurant más sofisticado que he visitado jamás.

El sin-nombre-en-la-fachada si tiene un nombre: Jaso y omitiendo la parte de la fachada (que por cierto, no es exactamente linda), este restaurante, a cargo del matrimonio de los chefs Jared y Sonia (de ahí Jaso), es una excelente opción para una cena perfecta.

De beber tomé un muy, muy recomendable martini de lychees y mi muy atinado acompañante, un cocktail de fruta de la pasión.

Aquí cabe una advertencia: los nombres de las entradas, los platillos, los postres y algunas bebidas eran muy largos y específicos, así que les pondré lo que más recuerdo, porque esta vez me fue imposible memorizar tanto.

Vinieron las bebidas y después, un mesero llevó una canasta de pan como con 8 variedades, yo probé el de pasas y nuez, más tarde uno de parmesano, y finalmente uno de olivo, los primeros dos ricos, el tercero, normal.

Luego nos trajeron la carta. He de confesar que reí mucho al leerla, porque juro que se refiere a los platillos como: “Pollito en nata” o “Salmón salvaje de no-sé-qué-mar acompañado de verduritas” o “Filete bañado en salsita”.

Como buena reportera pregunté al mesero la razón por la que había tanto cariño hacia la comida y me explicó que sólo es una forma de diferenciarse de otros restaurantes, a mi me encantó el detalle, porque además gracias a él hice amistad con el mesero y me enteré de varias cosas.

Por cierto, el servicio es impecable, todos son muy agradables y lo mejor es que te orientan muy bien sobre lo que puedes comer en el lugar.

Antes del plato fuerte, “el chef nos envió” un canapé de cuya composición sólo recuerdo salsa de coliflor y nuez. Sabía raro y creo que fue lo peor que comí en esa noche, pero tampoco llegó a horrible, sólo daba una sensación rara, de dulce y luego salado.

De platillo, yo tuve el salmón salvaje; estaba cubierto por una salsa oscura y el plato tenía adornos de una salsa color verde pasto. De guarnición, verduras y arroz jazmín, al respecto sólo puedo decir que tenía espárragos y aunque los odio, me los comí. También probé el mentado pollito en nata, pero no fue nada del otro mundo.

El salmón, que aquí no luce salvaje

La carta de postres no me pareció tan divertida, pero de todas formas amé el contenido (especialmente cuando lo probé).

Pero antes, nos trajeron sorbet (no helado, jaja) de chico zapote con cristales de naranja para el cambio de sabor. Luego de platicar con algunas personas, creo que este tipo de detalles son muy comunes, pero yo me sorprendí.

Y por fin: el postre. Yo pedí una tarta de chocolate rellena de “delirante” chocolate belga con lluvia de café y una especie de mousse de avellana. Estaba realmente rico, sé que suena súper chocolatoso, pero con lo de café, se hacía un balance y juro que para nada me empalagó.

La foto no le ayuda mucho a la lluvia de café, pero fue muy buen postre

¿Cómo llegué a él? Gracias a las sabias palabras de mi mesero: éste (señaló en la carta un brioche de chocolate) es, según la revista Chilango, el mejor postre de la ciudad, pero a mi me gusta más éste otro (tarta de delirante chocolate). Así que yo confié en él y no fue mala decisión, especialmente porque eso me obliga a volver a probar el otro y comparar.

La otra elección fue confit de manzana con helado de canela y vainilla, que estaba muy rico, especialmente porque soy fan de la canela…en realidad es como un strudel de manzana en presentación más nice, pero también muy recomendable.

Ah! y la chef nos envió madalenas recién horneadas, ricas, aunque pueden pasarse por alto. Yo tomé un café, nada del otro mundo, y la carta de tés está increíble, como de casa de té.

Si quieren más detalles, pregunten, porque creo que ya me extendí.

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Dónde: Newton 88, Polanco. Tel. 5545 7476

Cuánto: Fui felizmente invitada, pero calculo que unos $1,500, por dos personas

Hay valet parking

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viernes 6 de noviembre de 2009

arroz con leche, no sé coser, ni bordar

La mayor parte de mis amigos son solteros, pero de mi edad, léase, ninguno vive solo. Sin embargo, hace poco conseguí uno que desde hace varios meses tiene su propia casa y aunque empezamos a llevarnos apenas en marzo, ha sido tiempo suficiente para descubrir que todos los estereotipos de soltero que vive solo…son ciertos.

Ejemplos: no tiene muebles, bueno, uno; su alfombra era color vino, pero tras una aspirada descubrió que en realidad es rosa; su despensa se limita a chocolates, cerveza y harina para hot cakes; su gama de electrodomésticos consta de refrigerador y lavadora; y lo más importante, sus utensilios de cocina consisten en un sartén ¡y ya!

Lo demás lo había pasado por alto, e incluso me daba risa, pero eso de que sólo tenga un sartén no pude omitirlo porque, yo, la negada en materia culinaria, he de confesar que hay algo que sí sé preparar y me queda bien: el arroz con leche.

Esta semana me propuse preparar uno y como en mi casa lo hacen para diabéticos (es decir, tan dulce como una piedra) tenía que hallar una cocina alternativa. Sin embargo, mi proyecto se frustró porque es imposible hacer arroz con leche en un sartén…

En fin, para aquellos que quieran arriesgarse, a continuación, mi deliciosa receta, que seguro es la que usan todos, pero no importa, esta semana estuve poco activa (salvo hoy, pero eso será el pilón).

Ingredientes:

- Agua

- Arroz (como media taza)

- Leche

- Leche nestlé

- Canela (en rajita y en polvo)

Pongan a calentar agua en una ollita y cuando esté hirviendo viertan el arroz y una rajita de canela. Dejen que el arroz se cosa a fuego lento y cuando el agua se esté consumiendo, agreguen un poco más. Unos 15 o 20 minutos después agreguen leche, leché nestlé al gusto y dejen que hierva hasta que se abra el arroz. Dejen enfriar, sirvan con canelita en polvo arriba y si les gustan, algunas pasas (yo lo prefiero sin ellas) y disfruten!

Fin.

Ahora que lo escribo, no sé cómo algo tan sencillo me hace tan feliz, el arroz con leche es mi postre favorito. Luego me pongo de fina a pedir tempura helado, crème brûlée o pastel de 800 chocolates, pero en realidad mi máximo siempre es este arroz, así que ya saben, si me quieren pedir un favor, les ayudará acompañar su petición con un plato de arrocito con leche.

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Dónde: en la cocina de quien los deje usar cantidades inmorales de lechera

Cuánto: como $30

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Pilón

No sé si este fin de semana aún estará Toy Story en 3D en cines, yo apenas la vi hoy y la verdad es que me decepcioné un poco, porque sólo muy al principio aplica la tercera dimensión, en el resto de la peli, casi ni se nota que la usaron…Fuera de eso la disfruté como cada vez que la veo en la tele. Ay, es que la comida para monos, Buzz yogurt light, “tú mataste a mi padre, yo soy tu padre, noooooo” y “nos has salvado, estamos agradecidos”, son cosas que jamás me dejarán de hacer reír.

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Dónde: revisen la cartelera

Cuánto: Cinépolis, $ 78. Soy súper fan de esta cadena, pero hoy me tocaron los peores lentes para 3D en la vida, estaban súper rayados y los de mi amiga Sol no traían una mica! Está bien que reciclen, pero creo que deberían tener más control sobre los lentes que vuelven a entregar.

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